La astronomía griega desde sus comienzos en el siglo V antes de Cristo había realizado importantes avances y descubrimientos: la esfericidad de la Tierra y medida de su diámetro, la precesión de los equinoccios, medidas de las distancias al Sol y la Luna, etc. pero fue en el siglo II después de Cristo cuando Claudio Ptolomeo compendiando, completando y mejorando los resultados de sus predecesores propuso un sistema astronómico que daba cuenta de casi todos los fenómenos conocidos y que perduró hasta el siglo XVI.

Según el sistema de Ptolomeo la Tierra está fija en el centro del universo (de ahí el nombre de geocéntrico aplicado a su modelo) y, a su alrededor, giran la Luna, Mercurio, Venus, el Sol, Marte, Júpiter y Saturno (los siete planetas conocidos en la antigüedad, que contaban a la Luna y al Sol entre los planetas), rodeados en su conjunto por la esfera de las estrellas fijas.
Sin embargo, la órbita planetaria no es simplemente circular, ya que no
podría explicar la retrogradación de los planetas. Para explicar éste y otros
fenómenos se introducen los epiciclos: el planeta gira en una
circunferencia, el epiciclo, cuyo centro gira en un deferente, una
circunferencia cuyo centro es la Tierra.
Según Ptolomeo, cuando el planeta se mueve en la parte exterior de su epiciclo su
avance respecto de las estrellas es el normal de oeste a este, pero cuando recorre la
parte interna del epiciclo desde la Tierra se le ve retroceder frente al fondo de
estrellas fijas: se produce la retrogradación.